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viernes, 7 de julio de 2017

Y todo...




Y todo...

Tu olor,
y tus manos,
y tus venas...
Las uñas de tus pies,
y tu voz, y tu bulla...
Y tu cuello,
y tus manos...

Tu frente,
 tu pelo,
y tus ojos.
Y tu pelo,
Y tu olor,
y tu ojos,
y tu frente...

Tu nariz,
tu suspiro,
tu estornudo,
y tu voz.
Y tus manos,
y tu pelo,
y tu frente,
y tu pelo,
y tu frente,
y tu voz,
y tu voz,
y tu voz...

Y tu canto,
tu respiro,
tu bostezo.
Y tu abrigo,
y tu olor,
y tu beso,
y tu olor...

Y tus pasos,
y tus labios,
y tu cuello,
y tu canto,
y tu olor,
y tu olor,
y tu olor,

y nada...




jueves, 6 de julio de 2017

Crónicas de la escuela 1 (todas subjetivas).





 Primero Medio, 1984 
Preguntábame yo... ¿No podía quedarme en Básica?

                  Todavía recuerdo el día que por fin puse el primer pie fuera del        establecimiento escolar mientras pensaba... "Juro que voy a recordar este momento para siempre, y que nunca jamás lo voy a extrañar". Estaban demasiado crudos una montonera de recuerdos grises que se relacionaban más bien con una frustración parida causada por la timidez y la inseguridad. Bueno, era tan bruta que no alcancé pronosticar que esas características me acompañarían por años y años y años... Pero mi mente es veleidosa y selectiva. Hay personas y espacios que fueron perpetuados en un hoyo negro al cual no puedo acceder;  imágenes espasmódicas y desordenadas me producen una confusión tremenda junto con otras tan claras, de las cuales recuerdo hasta el color de la luz, el aroma y hasta las sensaciones.

                  
                          En Primero Medio recuerdo vagamente a la profesora de Ciencias Naturales, de la cual no recuerdo su nombre aunque sí su apodo, le llamábamos La Tuto, porque la pobrecita profesaba la religión del bostezo. Planificaba las clases con hartas guías de trabajo grupal y disertaciones, porque así le quedaba la libertad de citarse con Morfeo una y otra vez... es que, eran como amantes.

Tampoco recuerdo el nombre del profesor de Inglés, sólo que lo llamábamos "Sir" y que tenía un aspecto cuidadamente británico. Pelo, corto, bien corto pero no de milico, sino romano, con una chasquilla bien recta y cortita, casi cercana a la mollera. Muy flemático era él, muy serio y correcto. Una armadura y hubiese quedado listo para matar al dragón.

De la profesora Eliana POR SUPUESTO que me acuerdo, fue una de mis favoritas. ¡Eliana Balbontín! De estatura baja, contextura gruesa, pelo castaño muy corto, piel morena y gafas gruesas. Siempre seria la señorita, era muy raro verla reír. Una vez, estando yo en Cuarto Medio me dedicó una sonrisa y quedé en estado de shock. Se notaba que quería dejar una impresión de fría e impenetrable. A veces podía ser hasta cruel:

"Señorita Arenas, ¿de qué se está riendo? ¿No sabe usted que la risa abunda en la boca de los tontos?" Yo... ¿qué iba a saber de esas cosas? Nunca fui desordenada, pero me agarraba muy fácil la risa nerviosa, así que, a pesar de las palabras amenazantes, no podía parar, y en más de una ocasión me sacaron de la sala. A pesar de llevar el cartel de TONTA por no saber controlar los nervios, yo la quería mucho, la quise y la admiré. Era difícil y cagona con las notas pero yo la quería.

En esa época había un ramo que se llamaba Técnicas Manuales. De la profesora sólo recuerdo que parecía monja sin toca, y sobre  la asignatura, básicamente debía ser muy entretenido para quienes nos gusta el arte, pero los contenidos que nos tocó a esas niñitas de 14 eran ESPANTIFOMES. Primero nos hicieron Puericultura, donde tuvimos que bañar sin agua y mudar sin caca a un muñeco gigante.Fue una mierda de clase, pero la pasamos todo el rato peluseando (¿o se dice pelusiando?). Luego nos hicieron bordar un mantel, y ya en esos años las jovencitas no traíamos el fluído talento de nuestras madres y abuelas. Fueron los bordados más feos que jamás volví a presenciar. Yo me dí a la labor de "alabar la obra de nuestro señor jesucristo" con un ramillete de manzanillones sobre una tela de color azul ultramar, que, bajo la supervisión de mi Nona, me esforcé en que quedara lo más aceptable posible, pero la orilla, que comenzara en punto cruz, terminó siendo una oda a la fantasía abstracta. Un desastre para el linaje de nuestras abuelas.

De quien guardo mayor recuerdo es del profesor de Religión... ¿Ulloa sería el apellido? Él como que me amaba, me creía santa o algo más o menos alado, porque era súper prendido con el espíritu, y en una ocasión tuvimos que crear una oración, y no sé qué ánima del purgatorio me habrá soplado en aquella ocasión, porque me quedó mirando como si fuera Santa Gemita, y tuve que leerla delante de mis compañeras, mientras sentía que mi cara se tornaba color frambuesa pasada y -lógicamente, nadie las culparía- se reían de esta inexperta servidora.  A raíz de lo mismo, el profe se enteró de que yo no había hecho la Primera Comunión, y yo ¡ya tenía 14 poh!!, así que me instó y casi suplicó me inscribiera en su grupo de catesismo, que ya llevaba más de la mitad del año reuniéndose. Para resumir, fui a las tres últimas sesiones, y terminé cumpliendo con el divino sacramento en la Iglesia de Catedral, al llegar a Cumming, actual templo de San Pío. Yo, vestida de colegio con un velo blanco y entero tieso, y sin saber ninguna oración aparte del Padre Nuestro (que me había enseñado mi Tata cuando yo era muy cachorra, no el profesor Ulloa). Yo movía los labios para pasar desapercibida, pero seguía cada movimiento de mis compañeros. Cabe señalar que en aquella ocasión de mi primera y última confesión, tuve que inventarme algunos pecados, para no ser menos, por supuesto, quizás reconocí uno que otro de los que quedaran colgando de mi existencia anterior, pero parece que el cura quedó conforme, y me dirigí al banquillo a conversarle a Dios con una cara muy circunspecta, mirando al espacio celestial y pidiéndole un muy sincero perdón a la Señora María. El recuerdo más simbólico de aquel día, fue que mientras escuchaba el sermón del cura Pastor (ése era su nombre artístico), me dediqué a mirar los vitrales de la cúpula, mientras un rayo de sol los cruzaba por el galpón.




miércoles, 5 de julio de 2017

50 Confesiones


1. Amo los gatos desde los 27 años, cuando conocí a la mamá de mi Lolita.
2. Nunca me ha acomplejado ser chica. Parece que el problema es de los demás.
3. Lo siento muchísimo, pero creo que Madonna está sobrevalorada.
4. También lo siento, porque un amigo muy querido lo ama, pero Joaquín Sabina me da asco.
5. Colecciono canciones viejas.
6. Creo que los hombres y jóvenes que no dan el asiento tienen los coquitos secos (y el corazón también).
7. Leo revistas tan viejas como de la época de mi bisabuela, y especialmente las cartas al editor y los correos amorosos de gente que ya está muerta.
8. Una vez salí en la portada de un diario gritando por Luis Miguel.
9. Me carrrga el reaggeton, el hip hop y toda esa onda violento-sexual vende-pomadas.
10. Creo que George Harrison fue el Beatle más noble.
11. Estuve casada 12 años y viví en Iquique y en Puerto Montt. Conocí cientos de personas, muchas de las cuales no reconocería en la calle. Soy divorciada.
12. Ahora estoy enamorada y herida, pero enamorada.
13. Hay cosas que he comprobado que ni el Papa me va a convencer de que no existen.
14. Creo en todos los Dioses y todas las escencias concientes e inconcientes de la naturaleza.
15. Me emputece encontrarme con faltas ortográficas ridículas en el diario. Creo que muchos periodistas dan vergüenza.
16. Me gustaría ser flaca y preciosa para que me quisieran más.
17. Cuando guagua tuve una pelota inflable muy a go-go y un corazón musical blanco con rosado.
18. En mi vida hubo una mujer llamada Ibis. Mi primera profesora, quien me enseñó a leer, a tener letra clara, sumar, restar, los planetas y el ansia por aprender de todo. Nunca la olvidaré.
19. Tuve a mi primer hijo por casualidad.
20. Quisiera tocar el cello.
21. A los 16, le quedé debiendo mi primer beso a un amor platónico y él nunca supo. No me atrevía ni a mirarlo.
22. Soy puzzlera. Lo aprendí de mi tata.
23. Fui masajista de la dramaturga Isidora Aguirre y me contó historias increíbles.
24. Una vez hice un taller de orfebrería y le hice un anillo a mi hermano.
25. Leo poesía porque me apasionan las letras desnudas, con sangre y sudor.
26. Soy tauro y perro.
27. Bordo y pinto flores. (Lo hacía, cuando tenía tiempo)
28. Es normal que me quede pegada.
29. Me gusta que me hagan cariño.
30. Me da vergüenza que me guste Debussy, la música para piano de Ravel y los conciertos de cámara, porque es como snob, pero las amo y las escucho estando sola.
31. Creo que Víctor Jara fue un verdadero HOMBRE. Un creador y un luchador total.
32. Violeta Parra merece un museo, una universidad, un premio con su nombre, una beca con su nombre para investigación y TODO.
33. El tango me desarma y me arma.
34. Siempre repito lo que digo con las mismas personas. Soy una lata cuando no sé de qué hablar.
35. Sueño con tener un local en una feria artesanal de Isla Negra.
36. Amo a mi papá.
37. Me da miedo volver a Puerto Montt.
38. El 2008 una amiga de infancia me mandó a la mierda y nunca supe por qué. Bueno, ese año me mandaron a la mierda más de una vez.
39. Estudié y me titulé de Danza en la U. de Chile.
40. Hay seres que la llevan: Girondo, Serrat, García Lorca, Fauré, Julio Sosa, Kahlo y todos los que he nombrado para atrás (sin quejarme).
41. Creo que el cine italiano neorrealista es mi mejor panorama en soledad.
42. A veces me gustaría estar enferma, sin poder moverme, sólo para hacer lo que yo quiera sin que nadie me moleste ni me apure.
43. El miedo ha truncado mi vida.
44. Tengo sentimiento de culpa por haber nacido.
45. Mis apodos: Poroto, Liliput, Punto, Chikoka, India, Tapón, Chica, Guatona, Abuelita, Darmita, Bostita, Pimpollo, etc., etc., etc.
46. Cuando tengo pena miro hacia el cielo (es como un calmante natural).
47. Tengo un pacto de amistad con un eucalipto de Isla Negra. Cada vez que llego o me voy, nos damos un abrazo bien fuerte.
48. Soy bien calmada, no gasto energía en las nimiedades de la vida. Y me hago la tonta cuando quiero.
49. Soy GNóstica (léase bien: NO Agnóstica)
50. Hice este juego como ejercicio de cura para mi depresión.

domingo, 20 de marzo de 2016

Mi propia pérgola


Isidora Aguirre
(1919-2011)


           Todas las semanas me bajaba en Metro Irarrázaval y caminaba unas cuantas cuadras hasta calle Rengo. Ahí doblaba hasta llegar al segundo piso de un antiguo departamento con escaleras de madera y ventanas arboladas. Yo tenía llave, pero por educación siempre tocaba primero. Era como ingresar a una dimensión paralela pues entraba a un pasillo con crujiente piso  y paredes tapizadas de afiches de teatro, recuerdos y libros.
           Su habitación era de placer adictivo. Tenía un doméstico collage de fotografías pegadas en la muralla, donde se distinguían cada uno de los integrantes de su enorme familia, una de su señor ex - marido español, y de otras decenas de conocidos  personajes del mundo intelectual y artístico, todos los que alguna vez conoció, admiró o amó. Una ventana igualmente arbolada, como las anteriores, pero en su cornisa había anidado una pajarita, y en lo alto de la pared casi frente a su cama, se encontraba mi afiche favorito, de colores negro y rojo, donde sólo se leía: “CONVERTIR LO ADVERSO EN VERSO”. Lo había adquirido de ocasión…
          A veces la encontraba en cama, recién despertando de su siesta, pero la mayoría de las veces estaba sentada en loto frente a su computador, respondiendo mails, transcribiendo notas propias o reclamando por la impresora. Ahí me hacía sentir como su superhéroe, cuando lograba ayudarla en esas insignificancias técnicas, y me sentía derretir de orgullo cuando me pedía que la ayudara, cuando me mandaba sus escritos o me pedía ideas para difundir su trabajo. ¿Qué podía difundir yo de ella? Si todos los días la llamaba alguien para conocerla, para entrevistarla o para distinguirla con algún reconocimiento?

“Es que yo no soy sólo la Pérgola. La gente conoce sólo eso de mi, pero no sabe ni cómo me llamo”.  
Mientras le hacía los masajes, escuchábamos a Amancio Prada o las Partitas de Bach, y conversábamos durante horas convertidas en  minutos, así, por dos años. Fui privilegiada siendo quien la acariciara con tal libertad, sabiendo que la punta de sus dedos habían tocado tanta historia; me sentía como tocando el piano.  Yo siempre salía de ahí de noche a tomar la micro. Era tan entretenida que yo me olvidaba de mis problemas y de todo lo demás. Me contó miles de anécdotas, yo creo que fueron las tantas que le narró a la escritora que posteriormente se hizo cargo de su obra. Pero también, mucho de lo que me contó, fue con la promesa de no repetirlo, así que me quedé con lo mejor que pudo dejarme: libros, abrazos, risas, un chaquetón que me tejió para que no pasara frío y un pequeño encargo: “Algún día escríbeme algo a mí”.



Marenas Vallejo

De por qué...


  

Necesito es
Necesito cri
Necesito, necesito bir.
Necesito huir.
Necesito bir,
Necesito cri,
Necesito es,
Necesito, necesito huir.
Del siniestro ojo,
Necesito bir,
Del castigo plano,
Necesito es,
De mi yo y mis yoes,
Necesito huir.
Necesito, necesito ser.



Marenas




Un día escribí... (2015)

                        


            Esa mañana me levanté bruscamente. Otra vez ese latido acusador que me había acompañado desde los once años, o quizás desde antes, desde mucho antes.
Después de sobarme con fuerza el rostro y de apretarme las cuencas con las palmas, me di el ánimo de bajar al mundo otra vez. Revisando mi libreta me aseguraba  que el día fuera igual que el anterior, y al anterior, y al anterior…

                             No noté la diferencia al principio. Seguí en lo mismo de siempre. Fui a darle de comer a Irina y a Tico y Tico, los dos últimos peces que me quedaban desde que mi hermano se había ido. Descorrí las cortinas, abrí las persianas y recordé…

                          Un día escribí.  Apoyada sobre mi cama, sólo me concentré y dejé que alguien me dictara y, aunque no me había gustado entregué al concurso el resultado del trance. Y gané, por lo menos eso me dijeron. Pero también me dijeron que habían decidido entregarle el triunfo a una niña más grande, que yo era muy pequeña, que era preferible fuera así para que todos quedaran contentos. A mi no me importaba ganar. De hecho, ni siquiera sabía cómo había llegado hasta ahí, por lo que no me importó. Así como tampoco me importó que algunos no creyeran que era yo la que había escrito en realidad ese estúpido poema.  Así que seguí como siempre, escribiendo y rompiendo, escribiendo y rompiendo, escribiendo y rompiendo. Y pasaron años, y años y más años todavía. Hasta una mañana, en la que me levanté bruscamente, sintiendo aquel latido acusador, y que después de sobarme con fuerza el rostro y apretarme las cuencas con las palmas, me di el ánimo de bajar al mundo otra vez, y que, revisando mi libreta, me aseguraba  que el día seguiría siendo igual que al anterior, y al anterior, y al anterior…


Marenas


El Desahogo (2015)


                                                                                                                

          Sus esperanzados pasos matutinos caminaban al paso de Staying Alive, moviendo el alegre potete directo al paradero felíz, donde un ramillete de infelices con el garabato, el llanto y el alarido reprimido esperaban con una resignación ancestral.
Revisó la hora, la agenda del día, las noticias, las llamadas y la hora otra vez.

          Se divisan las micros a lo lejos de venida y de ida. Una, otra y otra más.
Venía la 201, se acercaba la 201, hicieron parar la 201 y no paró la 201. Viene otra, se acerca esa otra, no para esa otra. Jamás se detuvo… Y todos, en una grandiosa coreografía urbana, ascendieron sus dedos medios apuntando hacia el cénit. Instantáneamente, se rompe el silencio con encantadora exclamación:

-          ¡PARA, PARAAA, CON-CHA- DE-TU-MA-DRE!!!

           Un considerable rato después, tiempo que sirvió para tomar aire, masticar un chicle y desearle mal a todos los automovilistas, una micrito dignamente se detiene. Le dan ganas de arrodillarse y hacer una alabanza al cosmos por tal sensacional milagrete.

        Así, benditamente apachurrados cual atún en lomito, disfrutan todos de un viaje seguro y turístico. En el recorrido se van integrando nuevos ciudadanos llenos de jolgorio, algunos incluso logran  insertar carritos, guaguas y maletas, y de vez en cuando alguien se sube a interpretar bellas canciones o a ofrecer suculentas colaciones. Todos dichosos de vivir tan exquisita y moderna experiencia.
        A medida que las ruedas ruedan y los minutos se alargan,  comienza a concentrarse un aroma con características inigualables. Como le brota la imaginación en medio del Nirvana terrestre , piensa… “¡Qué rico! ¡Olor a  PA PE PI PO PU!”, con lo que termina de bañar la escena de espiritualidad, y reza en silencio, suplicandole a Dios que se acuerde de ellos, que van dentro de una cazuela casi porno… Y por supuesto que el Señor ¡se acuerda! Y comienza un halo de “oxígeno” a fluir por los estrechos espacios,  hasta que por fin, logra descender de la mágica carroza. Es como un segundo  despertar  y es tanto su contento que la angustia se duerme. De nuevo, al ritmo de la esperanza se permite pensar:

“Te amo, Santiago. Amo tus secretos, tus calles viejas y siempre heridas, tus murallas de adobe, muriendo lentamente, en silencio y con modestia. Amo tu  Mapocho, así  tal cual, lleno de caca,  y no es por ti, soy yo. No soy lo suficientemente bueno para ti, mi coraza no es tan dura como para verte morir, así que… me regreso a Linares . Me voy a la concha de mi madre”.


Marcela Arenas Vallejo